Nikko es una localidad situada entre montañas en la prefectura de Tochigi, a 130 kilómetros al norte de Tokio. Su nombre en japonés significa literalmente «luz del sol», y cuando llegas allí y ves los templos de colores brillantes emergiendo entre bosques de cedros centenarios, entiendes perfectamente por qué.
Es una de las excursiones de un día más populares y recomendadas desde la capital, y pocas veces una experiencia tan accesible logra sorprender tanto a quienes la hacen.
Lo que hace única a Nikko no es solo la belleza de sus monumentos, sino la combinación de elementos que pocas ciudades del mundo pueden reunir: templos y santuarios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, una naturaleza espectacular con cascadas de casi 100 metros de caída, lagos de montaña y bosques inmensos, y todo ello a menos de dos horas de una de las ciudades más modernas del planeta.
El contraste es brutal y absolutamente adictivo. Un consejo antes de salir: sal temprano, lo ideal es tomar el tren antes de las 8:00 para aprovechar la jornada. Los templos suelen cerrar sobre las 16:00 horas, así que el tiempo se hace corto si sales tarde.
Cómo llegar a Nikko desde Tokio
Tienes dos opciones principales dependiendo de si tienes JR Pass o no. Si tienes JR Pass, la forma más cómoda es tomar el Shinkansen Tohoku desde la estación de Tokio o Ueno hasta Utsunomiya, y desde allí coger la línea JR Nikko directamente hasta destino. El trayecto total ronda la hora y media.
Si no tienes JR Pass, la mejor alternativa es la compañía Tobu Railway desde la estación de Asakusa. El Nikko World Heritage Area Pass es únicamente un pase de transportes, no incluye las entradas, pero cubre el trayecto de ida y vuelta desde Asakusa hasta Tobu-Nikko y los autobuses ilimitados dentro de la zona central de Nikko.
Es la opción más económica si te alojas cerca de Asakusa y no tienes JR Pass. Una vez en Nikko, la mejor forma de moverse es con los autobuses de la compañía Tobu. El pase llamado World Heritage Meguri te permite usar la ruta circular que pasa por la zona central de templos y santuarios cada 15 minutos.
Consejo: recomiendo tomar uno de esos autobuses en la puerta de las estación de tren y bajarte justo donde esta el puente de Shinkyo y ya desde ahí subes a ver los templos y santuarios, poruqe desde la estación hasta el puente Shinkyo hay un buen rato andando y ahi no hay nada que ver.
Muy cerca del puente Shinkyio hay varios restaurantes, dependiendo de la hora a la que llegues, yo llegué muy tarde, porque los trenes en la estación de Asakusa en Tokio no tienen mucha frecuencia, lo mas recomendable como dije antes es tomar el de las 08:00 am. o antes, el trayecto dura unas dos horas, mas lo que tardes en llegar al primer templo, con la tontería, mi primer templo lo empecé a ver a las 14:00pm, ya se que es una locura, pero el día se torció y tuve que adaptarme, solo tuve 3 horas para ver todo, porque el complejo cerraba a las 17:00, aun así mereció completamente cada minuto allí.
Mi super consejo, intenta llegar lo antes posible y si tienes tiempo hacer noche en Nikko, hay mucho para ver.
El Puente Shinkyo: la primera impresión que no olvidarás
Nada más llegar a Nikko, antes incluso de entrar al complejo de templos, el primer golpe visual te lo da el Puente Shinkyo. Su nombre puede traducirse como «puente de los dioses» y se cree que es una puerta al mundo espiritual.
Es un pintoresco puente rojo de madera que atraviesa el río Daiya y se encuentra en la entrada de los santuarios y templos. Fue construido en 1636 por el shogunato Tokugawa y es uno de los lugares más emblemáticos y simbólicos de la ciudad.
La imagen del puente rojo reflejado sobre el río con el bosque de fondo es una de las postales más reconocibles de Japón. Puedes verlo desde fuera de forma gratuita, o pagar 300 yenes para cruzarlo.
Santuario Toshogu: la joya arquitectónica de Nikko
El Toshogu es el motivo principal por el que la mayoría de viajeros van a Nikko, y no defrauda. El Santuario Toshogu fue el lugar elegido por Ieyasu Tokugawa, el gran shogun que unificó Japón en el año 1600, para descansar eternamente.
Cuando su nieto llegó al poder, quiso rendirle el homenaje definitivo: convirtió el santuario en una joya arquitectónica que brilla entre los templos sintoístas de todo el país.
Lo que más sorprende cuando entras es la explosión de color y detalle. Mientras la mayoría de santuarios japoneses apuestan por la austeridad y la madera natural, el Toshogu está cubierto de oro, lacas rojas y negras, y miles de tallas decorativas con animales simbólicos.
Aquí encontrarás esculturas famosas como los tres monos sabios (no ver, no oír, no hablar) y el famoso gato dormido o Nemuri Neko, tallado sobre una de las puertas.
El recorrido por el complejo incluye la pagoda de cinco pisos, varias puertas monumentales y el camino hacia el mausoleo del shogun entre cedros de 400 años.
Horario: 8:00 a 17:00h (hasta las 16:00h en invierno).
Precio: 1.350 yenes.
Santuario Futarasan: el más antiguo y el más silencioso
Justo al salir del Toshogu, a apenas unos minutos a pie, se encuentra el Santuario Futarasan, y hay una paradoja curiosa: siendo el más antiguo de todo el conjunto de Nikko, es también el menos visitado. La mayoría de los turistas lo pasan de largo después del Toshogu, y eso, para quien sí se detiene, es una bendición.
El Santuario Futarasan fue fundado en el 782 por el mismo monje Shodo Shonin que fundó el Templo Rinnoji, y está dedicado a los dioses de los montes Nantai, Nyotai y Taro, las tres montañas sagradas que rodean Nikko. Técnicamente, el famoso Puente Shinkyo que cruzaste al llegar forma parte de este santuario, lo que ya da una idea de la importancia histórica y espiritual del lugar.
Lo que hace especial al Futarasan no es la opulencia decorativa del Toshogu, aquí no hay pan de oro ni tallas elaboradas, sino precisamente lo contrario: la sobriedad, el silencio y la sensación de estar en un lugar que lleva más de 1.200 años siendo sagrado.
El musgo cubriendo las linternas de piedra, los cedros centenarios que filtran la luz y la ausencia de multitudes crean una atmósfera de paz que resulta difícil de encontrar en los lugares más visitados. Es el tipo de sitio que los viajeros que repiten en Nikko señalan como su favorito.
Horario: 8:00 a 17:00h (hasta las 16:00h de noviembre a marzo).
Precio: El acceso al santuario es gratuito. Solo si se quiere entrar al salón principal: 200 yenes.
A este templo viene muy poca gente y es por eso que su paz y tranquilidad comparado con el de Toshogu es lo que le da su momento de reflexión y sentir el bosque, y casi el templo entero para ti.
Este lugar tiene algo especial y además cuando ya nos íbamos empezaron a encender todas las linternas y eso aun le dio mas magia al lugar.
Templo Rinnoji: el gran templo budista de Nikko
Si el Toshogu es la estrella del conjunto por su espectacularidad visual, el Rinnoji es el alma budista de Nikko. El Templo Nikkozan Rinnoji es todo un referente de Nikko porque cuenta con más de 1.200 años de antigüedad y durante años fue un ejemplo de la coexistencia pacífica del budismo y el sintoísmo.
Fundado en el año 766 por el monje budista Shodo Shonin, es el complejo religioso principal de toda la zona y el que da sentido histórico a todo lo demás. Sin él, Nikko no sería lo que es.
El edificio que más impacta es el Sanbutsudo, el gran salón principal de madera. Dentro del templo destaca la Sala Sanbutsudo, donde podrás ver tres estatuas recubiertas de oro que representan a las tres deidades budistas: Bato-Kannon, Senju-Kannon y Amida, que representan a su vez las tres grandes montañas de Nikko: Nantai, Taro y Nyoh.
Las estatuas son enormes, miden varios metros de altura, y la luz dorada que desprenden en el interior del salón crea una atmósfera que impresiona incluso a quienes no tienen ningún interés previo en el budismo.
Justo detrás del hall principal puedes visitar la Pagoda Sourintou, muy particular por su estructura negra y punta con baño de oro, diferente al tipo de pagoda tradicional que encontrarás por todo Japón. Representa la paz y prosperidad mundial.
Si el tiempo te lo permite, no te vayas sin pasear por el Jardín Shoyoen, un típico jardín japonés con estanque, caminos de piedra y siempre muy cuidado, con arces que se reflejan en el agua. Es uno de esos rincones tranquilos que en otoño se convierte en algo absolutamente mágico cuando los arces se tiñen de rojo y naranja.
Horario: De 8:00 a 17:00h de abril a octubre; de 8:00 a 16:00h de noviembre a marzo. Las entradas dejan de venderse 30 minutos antes del cierre.
Precio: Entrada al Sanbutsudo: 400 yenes. Jardín Shoyoen y Sala del Tesoro: 300 yenes adicionales. Entrada combinada Rinnoji + Taiyuin: 900 yenes.
Consejo: Lleva siempre efectivo, la gran mayoría de templos de Nikko no aceptan tarjeta.
A mi ya no me dio tiempoa ver mas templos, ni nada mas solo con 3 horas esto es todo loq uevi, pero si vienes desde primera hora puedes ir a ver la cascada y el lago, te lo dejo en este post por si tienes mas tiempo y quieres disfrutar de todo loq ue ofrece Nikko que no es poco, yo si volviera pasaría una noche aquí.
Cascada Kegon y Lago Chuzenji: la naturaleza en estado puro
Si el tiempo y la energía te lo permiten, la segunda parte del día en Nikko es tan buena como la primera. La cascada Kegon es una de las más grandes y famosas de Japón, con una caída de 97 metros. Puedes verla desde la plataforma gratuita o bajar en ascensor (550 yenes) hasta el nivel del río para sentir la fuerza del agua de cerca. En primavera y verano el caudal es máximo; en invierno, parcialmente congelada, tiene una belleza completamente diferente.
Justo al lado está el Lago Chuzenji, un lago de origen volcánico a 1.269 metros de altitud rodeado de montañas. Las vistas desde sus orillas son simplemente espectaculares y es un momento perfecto para inmortalizarlo con unas buenas fotos.
Si vas en otoño, los colores del follaje reflejados en el lago son una de las imágenes más bonitas de Japón.
Para llegar desde el centro de Nikko hasta la cascada y el lago hay autobús incluido en el World Heritage Meguri Pass.